Estamos a cuatro escasos días del esperado 27M. Primarias lo han llegado a catalogar algunos. Yo no lo catalogaría como tal aunque bien es cierto que históricamente el partido que obtiene más votos en las municipales gobierna en las estatales.
No conviene caer en el error del presidencialismo que nos intentan vender Rajoy y Zapatero con su tour turístico por toda la Península. El pueblo no debe olvidar que está votando a sus representante municipales. No debemos dejarnos llevar por las promesas estatales que oímos en los mítines.
Y es en este punto en el cuál se debe pasar factura a cuatro años de gobierno o mal gobierno y de oposición o mala oposición. Debemos pensar si realmente se han cumplido las promesas que nos hicieron en el 2003 y si por el contrario sólo nos han llenado los labios de miel en los último meses.
No se debe obviar que en las elecciones municipales las ideologías suelen quedar aún más lejos que en las estatales. Aquí suelen ser los políticos, sus personalidad y sus caracteres los que marcan la hoja de ruta de cada municipio. Hay que alejarse de las macrocampañas publicitarias y de marketing de los grandes partidos y adentrarnos en los proyectos de los partidos minoritarios a los que no se les dar la oportunidad de demostrar. Y valorar que será mejor para nuestros pueblos, ciudades y Comunidades Autónomas.
Mi opción, como siempre, la abstención activa. Abstención porque creo que es hora de gritar NO al sistema, NO a la corrupción, NO al robo de la Ley Electoral y hacer fuerza popular fuera de las instituciones. Y activa porque no dejamos de hacer política ni de luchar durante los últimos cuatro años, los cuatro anteriores, los cuatro siguientes, etc.
La pregunta tiene un doble sentido. Si las mal llamadas “Democracias” occidentales van a la guerra, es decir, atacan, significará que no existe tal Estado de Derecho. Si son los Estados de Derecho los atacados por entes exteriores y la situación es de tal hostilidad que deben entrar en guerra para defender al conjunto de ciudadanos que viven en dicho Estado entonces debemos analizar cuáles son los puntos débiles en los cuáles los cimientos legislativos pueden o no pueden derrumbarse.
Supuesto primero. Un país autoproclamado democrático, - por no entrar en vicisitudes semánticas sobre qué es y que no una Democracia – decide atacar a otro país sin ser previamente atacado. ¿Qué razones pueden esgrimir los representantes políticos para atacar y seguir defendiendo el Estado de Derecho? Hoy en día la respuesta es muy fácil: seguridad. Es muy fácil, no hemos sido atacados pero si no atacamos nos pueden atacar. La población entiende el mensaje de forma clara y concisa. Si el mensaje lo disfrazan de medias verdades en prensa, tenemos una verdad completa para la mayoría del pueblo que no se para a analizar la situación. ¿Es compatible ésta situación con la Democracia? ¿Y con el Estado de Derecho? ¿Es viable que en éstas democracias indirectas y representativas en las qué se mueve Occidente sean los representantes del pueblo quiénes decidan en los Parlamentos, - o en ocasiones ni eso, simplemente informando en ellos al resto de representantes – si se ataca o invade un país? ¿Es concurrente, - si se diera el caso – que el pueblo estuviera en clara mayoría manifestándose en contra de un ataque militar y sus representantes, usando los mecanismos legales que tienen a su alcances, - porque tenerlos, los tienen – obviándoles atacasen? Para mí la respuesta es clara y concisa: no.
Supuesto segundo y último. Un país autoproclamado democrático es atacado por otro. ¿Qué debe hacer? En primer lugar quiero dejar claro que este supuesto para mí es válido, sí y sólo sí, se tiene meridiana constancia de qué el país autoproclamado democrático y valedor de un supuesto Estado de Derecho es atacado, sino, estamos dentro del supuesto primero, sino estamos jugando a la venta de inseguridad. Bien, si el país es atacado se debe, primero, informar a la población, segundo, realizar una consulta democrática y directa sobre el qué hacer, y tercero y último actuar de forma vinculante al resultado de la consulta popular. Esa es la única forma en la que los cimientos del Estado de Derecho, de libertades, de justicia, de igualdad, de seguridad, etc. No se tambaleasen. Cualquier ataque militar sin el consentimiento y la fuerza popular pondría en mayores niveles de riesgo la seguridad del conjunto de la población del país atacado que la autodefensa del mismo. ¿Qué la democracia directa y participativa es más lenta que la indirecta? Seguro que sí. ¿Qué en éste segundo supuesto podría ser inviable? Yo creo que no. Pero sin duda sustenta y refuerza cualquier actuación que tome el Estado frente a esta situación de enfrentamiento con otro Estado.
Imaginémonos que mañana España es atacada por Marruecos, - situación nada desdeñable, por otra parte teniendo en cuenta lo que lleva pasando desde hace 30 años en el Sáhara Occidental y pensando que podría pasar cuándo España cumpla, si cumple alguna vez, con los acuerdos de Madrid… - en todo el litoral mediterráneo. Imaginemos que de forma ipso facta España da aviso a la OTAN y atacamos con ayuda de tropa americana y francesa a Marruecos, - situación tampoco desdeñable teniendo en cuenta lo que pasó en la isla de Perejil -. Imaginemos que la población española no tiene noticias fiables de esto en 48 horas, que todo son rumores, que se contradicen las informaciones de unos medios y otros, etc. – situación que todos tenemos presente en el contexto del 11M y 14M -. Y por último imaginémonos que la gente se echa a la calle. Que unos dicen NO a los ataques que pueden parecer injustificados debido a la situación descrita anteriormente. Que otros dicen que SÍ, que se debe atacar para preservar la seguridad ciudadanos. Que otros aprovechan la situación de caos para delinquir y que las FFSS están totalmente desfasadas. ¿No es ésta situación mucho más insegura para el conjunto de la ciudadanía que la autodefensa y el no control de la situación por parte del Estado?
Así pues, las Democracias y el Estado de Derecho parece incompatible en todas sus vertientes con el ataque militar. Ningún ataque militar puede ni debe tener justificación moral o ideológica alguna. Ningún ataque podrá tener el respaldo de los Derechos Humanos ni con las convenciones de Ginebra. Sólo si existe el respaldo del pueblo frente a una situación meridianamente clara de necesidad de defensa podría existir justificación para el ataque siempre que antes se agotan las vías diplomáticas de diálogo. Yo, a nivel personal, veo innecesario llegar a cualquier situación de ésta índole si llamáramos a las cosas por su nombre. Si tuviéramos claro que Democracia no es votar a tus representantes cada cuatro años ni un Estado de Derecho es aquél que separa los tres poderes o que tiene detrás unas leyes, si éstas leyes no se acomodan a los principios democráticos y de Derechos Humanos, ¿cómo es posible llamar a ese Estado, Estado de Derecho? Y cuándo el pueblo en Occidente tenga claro dónde está y tenga claro que poder de decisión tiene en esa Democracia que le venden en prensa no será necesario hacernos preguntas del tipo: Cuando la democracia va a la guerra, ¿qué queda del Estado de Derecho? Sino que habrá que empezar a hacerse preguntas del tipo: ¿qué puedo hacer yo para construir en este lugar en el cuál vivo un Estado de Derecho, una Democracia? ¿qué puedo hacer yo para construir esta Democracia en el resto de lugares dónde viven otras personas? Y una vez que la gente tenga la capacidad para hacerse estas preguntas empezarán a responderlas. Y será entonces cuándo empiecen a actuar para cambiar, para cambiar los –ismos que rigen hoy el mundo y construir unos más equitativos, más nobles, más saludables, más democráticos, más humanos, más justos, más independientes y que garanticen nuestras libertades. Cuando se construya esa fuerza popular no será necesario siquiera hablar de guerras. Espero.